id 27 Biografía Miguel Aguado Camarillo - Beatificación Mártires de la Familia Vicenciana

Biografías

Miguel Aguado Camarillo

Seglar, Caballero de la Virgen Milagrosa


Nacimiento:
Humanes (Gu) 07/02/1903
Padres:
Dionisio y Práxedes
Bautismo:
Humanes, Parr. San Esteban 15/02/1903
Casado con:
María Merino Guisado 23-04-1927
Hijos:
Ángeles 6 años, Carmen 4, Miguel 2, y Gloria 6 meses
Martirio:
Paracuellos (M) 28/11/1936

FORMACIÓN Y APOSTOLADO: En julio de 1936 el matrimonio vivía con sus cuatro hijos en una buhardilla en Ponzano, 38, esquina a Bretón de los Herreros, Estaba empleado de mozo en un almacén de recauchutados, calle Salustiano Olózaga, 12, Su recordatorio dice textualmente: Era un pobre obrero y pertenecía a las Compañías del Cerro de los Ángeles, Adorador Nocturno y Caballero de la Milagrosa.

MARTIRIO: Lo denunciaron los vecinos como católico, porque iba a misa todos los días. El 29 de octubre de 1936 fue apresado a traición y conducido a la comisaría de Buenavista, y dos días más tarde a la cárcel Modelo. La esposa era muy valiente y soportando las mayores humillaciones y groserías, acudía a la cárcel con los cuatro niños. El 16 de noviembre lo trasladaron a la cárcel de Porlier. Sin juzgarle y sin darle la menor posibilidad de defensa, el nombre de Miguel Aguado Camarillo, aparece en las listas de una de las sacas de la cárcel de Porlier, fechada el 26 de noviembre. El martirio tuvo lugar el 27 de noviembre de 1936, festividad de la Virgen Milagrosa, de la que él era congregante, en Paracuellos de Jarama con otros 25 compañeros. Las primeras noticias y los detalles sobre el martirio las tuvo la viuda directamente por el H. Joaquín Saldaña, portero de los Paúles y amigo de la familia, que había coincidido con Miguel en la prisión en Porlier.

La esposa del mártir es un buen ejemplo del perdón cristiano y de la fortaleza que Dios da a quienes se abandonan en Él. Viuda a los 30 años, con cuatro niños, sin más ayuda que la Providencia, nunca demostró odio ni sentimiento de venganza. De su hija Carmen es este testimonio actual y vivo: “La recuerdo siempre vestida de negro, trabajando en todo lo que podía para sacarnos adelante. Siguió muy devota de la Milagrosa y nos inculcó a todos a confiar en Dios. Todas las noches antes de acostarnos nos hacía rezar por nuestro padre para que esté en el Cielo y por el alma del asesino, para que Dios le convierta y le lleve al Cielo. Mi madre se confesaba en la basílica y también con el Jesuita hoy santo, P. José M.ª Rubio. No me cabe la menor duda de que mi padre aceptó la muerte por el Señor, porque era un buen cristiano”. Esta misma convicción perdura en la Asociación de la Virgen Milagrosa de la basílica de Madrid. Carmen nunca faltó a la novena de la Virgen Milagrosa. Falleció en la misma fecha de la beatificación de su padre, dos años antes.